Las unidades de verificación y las gasolineras: ¿aliados o verdugos?

Dic 3, 2020 Finanace, Management
senior male engineer reading blueprint in studio

Las unidades de verificación y los terceros son los notarios en el mundo de la regulación. Son los fedatarios de la estandarización. Tienen fe pública de lo que observan y miden. Sus dictámenes, cual escrituras públicas, son prueba plena frente autoridades y particulares.

¿aliados o verdugos?

Los cinco consejos sobre terceros

Las unidades de verificación y las gasolineras:

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Las unidades de verificación y las gasolineras:

¿aliados o verdugos?

Los cinco consejos sobre terceros

Alfredo Orellana Moyao[1]

Y ¿De dónde salieron los verificadores y los terceros?

Era la década de los noventa, México ingresaba al mercado global en el que los productos y servicios debían cumplir un requisito fundamental para poder ser exportados, importados y comercializados en todo el mundo: ser compatibles, esto es, ser acorde con algún estándar.

Sin importar fronteras, prácticas o leyes locales, la estandarización se volvió una conveniencia y un mandato comercial.

¿Porqué valía la pena adoptar mundialmente un mismo modelo estandarizador? En primer lugar, porque facilitaba la compatibilidad y disponibilidad de accesorios, refacciones, y usos de los productos y servicios (algunas personas de más de 50 años quizás recordemos el uso de “adaptadores” para todo, antes de la estandarización).  

En segundo lugar -y más importante- el estándar garantiza de alguna forma, aspectos de seguridad y protección de interés público. Seguridad para el usuario del producto en su uso, componentes y materiales, por ejemplo, así como las pruebas para cuidar la salud de los consumidores. Seguridad para los trabajadores -por cumplir normas laborales y de trabajo justo en la producción-. Seguridad para el medio ambiente -por cumplir normas de protección de especies, de tala controlada o de contaminación-. Entre otras.

Los estándares así vistos, lograban hacer internacionales a los productos y servicios, pero también hacían expansivas las pruebas, mediciones y autorizaciones derivadas de la normatividad en los albores de la regulación sectorial.

Así nacieron las Normas Mexicanas, expedidas por la Secretaría de Economía. Un catálogo de características técnicas deseables (no obligatorias) que debían cumplir y certificar quienes quisieran exportar o importar bienes o servicios. Para el mercado interno no eran del todo relevantes más que en ciertos mercados de alto consumo como la metalurgia, la construcción y la electricidad, sobre todo en licitaciones y concursos públicos y privados. Las NMX eran referencias buenas para encontrar productos iguales, similares o compatibles.

Las NMX surgían de la mejor práctica productiva en el seno de las Cámaras y gremios especializados, quienes proponían su reconocimiento a la Secretaría de Economía a través de comités. En el sector hidrocarburos y en el mundo gasolinero, por tratarse de un monopolio estatal, existía un sistema paralelo y unilateral controlado totalmente por PEMEX, a través de las Normas de Referencia (NRF).

Las Normas Oficiales Mexicanas (NOM) fueron la versión obligatoria de aquéllas primeras NMX. Se trataba ya, de estándares que debían cumplirse -no por conveniencia empresarial- sino por mandato de autoridad cuyo incumplimiento sería causa de multas y sanciones gubernativas, incluyendo la expulsión temporal o definitiva del mundo comercial: las suspensiones y clausuras.

¿Cómo supervisaría el estado el cumplimiento de normas técnicas? Los inspectores oficiales serían insuficientes pues cada NOM requiere un alto grado de conocimiento técnico. Era imposible tener una policía especializada por cada NOM o por cada segmento de NOMs.

Las NMX habían dejado un sendero marcado en la arena: Cuando la normalización es benéfica para el negocio, las empresas se preocupan y se ocupan de asegurarse del cumplimiento, mediante expertos contratados. A través de terceros que le den confianza al cliente de que el producto o servicio corresponde al estándar de referencia. Un juicio de valor hecho por una persona que no tiene interés en vender el bien, y que goza de credibilidad técnica.

Así nacieron las primeras unidades de verificación internas en empresas y gremios. CANACINTRA por ejemplo, contaba y cuenta con NORMEX, la filial especializada en normatividad y verificación. PEMEX y CFE -en su extraña dualidad de empresas / autoridades – tenían y tienen sus unidades de verificación internas exclusivas.

La práctica mundial impuso la moda de los terceros: expertos técnicos y laboratorios que demostraban capacidad y entendimiento de la normatividad y de las evidencias que se requieren para verificar su cumplimiento. Tras ello, recibían una patente estatal; una concesión para que los particulares acudan a ellos para obtener su certificación en las NOMs que les fueren aplicables.

Así, las unidades de verificación y los terceros son los notarios en el mundo de la regulación. Son los fedatarios de la estandarización. Tienen fe pública de lo que observan y miden. Sus dictámenes, cual escrituras públicas, son prueba plena frente autoridades y particulares. Ese modelo es bien claro, por ejemplo, en los verificentros vehiculares: una empresa privada hace un test, saca resultados y si son favorables, ponen una calcomanía de cumplimiento. Si son desfavorables no pueden imponer sanciones, pero tampoco ponen la calcomanía y, sin ella, la autoridad sí que puede detener y sancionar a quien no la lleva puesta.

¿Confiar o temer al tercero?

Las unidades de verificación y los terceros están sujetos a su propia regulación. Tienen absolutamente prohibido dar asesorías o consejos. Por imperativo ético y legal, no deben “ayudarle” a los clientes a cumplir ni a “pasar” la verificación.

Su labor y encomienda es dar fe del cumplimiento o no cumplimiento de un estándar, con total objetividad y distancia. Cuando se apersona en la instalación, debe recopilar la evidencia que existe en ese momento y en ese espacio: ¿hay extinguidor?, ¿está cargado?  Sus respuestas deben ser básicamente “si” o “no”. No se vale, no es bueno y no es conveniente, imaginar una nota a lápiz que diga “pendiente” o el consejo “vaya de volada por un extinguidor” o el voltear la vista con “le seguimos a otros puntos y regresamos a ver si ya apareció”.

El mejor valor de una unidad de verificación es su confiablidad para la sociedad, para los propietarios y para el gobierno (me atrevo a pensar, que en ese mismo orden).

Pero tampoco es un verdugo. Es un examinador. Nos sometemos a él por voluntad y decisión. Somos sus clientes, no sus subordinados. No tienen superioridad jerárquica ni autoridad sobre las gasolineras, sobre nadie.

Algunas tercerías han malentendido su función. Actúan más como inspectores de autoridad que como fedatarios confiables. Eso genera temor y zozobra a los propietarios y operadores. Hemos escuchado incluso de algunas extorsiones o amenazas de no otorgar dictamen favorable y de reportar los incumplimientos a la ASEA o a otras autoridades. Esas prácticas, de ser ciertas, son reprobables, ilícitas e inadmisibles; nadie tiene porqué tolerarlas.

La unidad de verificación y la tercería ha de ser una fuente de confianza y de valor para el negocio, no una carga o amenaza. Las NOMs y las verificaciones pueden y deben pasar de ser una carga y una amenaza, a ser un valor y un activo empresarial de certeza, control y plusvalía empresarial. Para eso, los cinco consejos de esta entrega:

Los cinco consejos sobre unidades de verificación y tercerías

Primero. Prepárate y adopta la NOM. Su contenido puede y debe ser parte de tu SASISOPA, es decir, de tus procesos operativos y sobre todo de tu programa de capacitación interna -que además puede ayudarte a cumplir con requerimientos STPS-. La NOM no es solo una evaluación, es una forma de operación. Si se vuelve cotidiana, no habrá nada de qué preocuparse.

Segundo. Asegúrate de cumplir. No llegues al examen sin estudiar. No lleves tu auto al verificentro sin darle una afinadita. No tienes porqué llamar a un tercero o unidad de verificación para ver qué sale. Genera tu predictamen, como parte del proceso. Conoce tus deficiencias y date el tiempo para repararlas. No siempre cumpliremos todo, pero la existencia de planes y programas de cumplimiento en marcha son admisibles en muchas ocasiones. Mostrar que conozco el posible incumplimiento, que cuento con un plan para corregir y que ese plan garantiza la seguridad, también es un buen modo de cumplir ante una Unidad de Verificación.

Tercero. Elige bien a tu unidad de verificación o tercero. Date tiempo de conocer el directorio de autorizaciones publicado por la ASEA u otras autoridades. Acércate a organizaciones gremiales como ONEXPO, para conocer reputación e historial. No olvides que tú eres el cliente y tú decides a quién elegir.

Cuarto. Ten certeza y control. El dictamen de la unidad de verificación o del tercero puede ser favorable. Lo conservarás como evidencia de cumplimiento y ella lo remitirá en sus reportes a la autoridad. También puede ser negativo, de incumplimiento. En ese caso, el dictamen no es último y definitivo. El tercero lo archivará y reportará, porque es su obligación, pero tú no estás obligado a asumirlo como última verdad. Úsalo como si fuera un predictamen; un dictamen no favorable debe detallar lo que falta, lo que no se cumple. A partir de ese inventario, puedes crear un plan para reparar y cumplir (poner extinguidores, ajustar válvulas, poner letreros, capacitar, adquirir, reparar, etcétera). Una vez cumplido, puedes contratar nuevamente a una unidad de verificación o tercero, para que emita un nuevo dictamen. Si todo está en orden, ¡listo! Tendrás un certificado válido de cumplimiento que igual se reportará a la autoridad.  Desde luego, mide tus tiempos y plazos para que no pierdas control. Piensa que el cumplimiento es un tema permanente, la verificación es solo una foto temporal. Comprometámonos con el estándar, no con el examen.

Quinto. Apuesta a la previsión y la estrategia. Asigna el cumplimiento regulatorio como parte de las tareas diarias, cotidianas y ordinarias de la gasolinera. Puedes tener un responsable de cumplimiento que vea y prevea estos temas, o bien, contratar un servicio externo que mantenga los avisos y previsiones de forma oportuna para la estación. Si se trata de un grupo, se pueden generar estrategias que den valores agregados y faciliten las cosas. Si son estaciones individuales, también pueden hallar la forma de sumar sus necesidades para que los consultores especializados les brinden soluciones integrales. Entre más, es menos es la carga individual.


[1] Alfredo Orellana Moyao. Experto en Regulación y Medio Ambiente. Socio Fundador de OPS & PROS

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O&P energie. Consultoría integral en proyectos Oil & Power México

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